Desde muy joven he escrito poesía, relato corto, adaptaciones para teatro, algún que otro invento y todo se fue quedando por el camino en mi vida de montaña rusa. Cuadernos perdidos en viajes y mudanzas, como botín de guerra en batallas sentimentales, en imprentas universitarias, colectivos culturales... y alguna cosa que conservo con mucho pudor, pero que forman parte de mi aprendizaje. Nunca le dí más valor que el de cobrar una mirada de la chica de mis versos, o el placer de haber vivido un personaje, inventado una ciudad, entablado una cruzada, provocado una sonrisa o tocado un corazón.

Hoy, animado por los años, el vaticinio de una bruja, el consejo de quien bien me quiere y la osadía de un rebelde, me dispongo a recopilar mis escritos de los últimos años, empezar una aventura editorial y poner mis textos teatrales a disposición de compañías y productores, sin más pretensión que lucrarme exageradamente con la satisfacción de continuar escribiendo.

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